Una persona más, un número menos

A partir de hoy soy una persona más que ha decidido hacer su maleta y marcharse de España y también un número menos en el paro.

Esas listas y esos números de los que les gusta tanto presumir al Gobierno cuando bajan de la misma forma que no le gusta contextualizar ni explicarlos:

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(Pre)Juzgado y condenado

Pensaba haber escrito antes sobre el caso Bretón y de cómo la repercusión en los medios de comunicación influiría para que fuese declarado irremediablemente culpable (sin entrar en los pormenores judiciales del caso). Ayer el jurado popular se pronunció y, efectivamente, declaró a José Bretón de forma “unánime” culpable de matar a sus dos hijos de 6 y 2 años.

Pero, ¿alguien se esperaba un veredicto diferente? ¿alguno de ustedes creyó por un solo instante en la posibilidad de que el veredicto fuese otro? No, ¿verdad? Y estoy segura de que el jurado popular tampoco.

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Derecho al pataleo II

En la última entrada les comentaba cómo las medidas tomadas por el Gobierno, junto a la situación económicamente cada vez más ahogada de los ciudadanos durante el último año, nos han lanzado más de una vez a las calles para quejarnos. Para patalear y mostrar que no estamos conformes con lo que está pasando, máxime cuando apenas pasa un día sin que se descubra un nuevo caso de corrupción entre nuestros gobernantes. Porque parece que patalear es lo único que nos queda.

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Derecho al pataleo I

En el último año hemos sufrido diversos recortes de todo tipo por parte del Gobierno: educación, sanidad, salarios, etc. Con el objetivo de reducir, por un lado, las partidas presupuestarias y aliviar el déficit del país y, por otro, recaudar más dinero de los ya de por sí tocados bolsillos de los españoles.Todo esto no fue sino un mensaje dirigido a los mercados y al resto de la zona euro, con el que se pretendía bajar su presión por la elevada prima de riesgo que tenía España. Hace medio año la única noticia principal era la subida, bajada o mantenimiento de la prima de riesgo y las reacciones de los mercados.

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La sociedad de la incomunicación

El otro día mientas estaba desayunando en un bar me fijé en una situación bastante curiosa: un grupo de chicos que rondaban los 25 años de edad entraron, se sentaron y no volví a reparar en ellos hasta que me di cuenta de lo callados que estaban. Estaba de espaldas a su mesa y no sabía si se habían ido o no. Cuando me giré para comprobarlo efectivamente seguían allí los tres.

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