Derecho al pataleo II

En la última entrada les comentaba cómo las medidas tomadas por el Gobierno, junto a la situación económicamente cada vez más ahogada de los ciudadanos durante el último año, nos han lanzado más de una vez a las calles para quejarnos. Para patalear y mostrar que no estamos conformes con lo que está pasando, máxime cuando apenas pasa un día sin que se descubra un nuevo caso de corrupción entre nuestros gobernantes. Porque parece que patalear es lo único que nos queda.

También les decía que el año pasado, hartos de sentirnos “atracados” por nuestros gobernantes con cada medida que tomaban, nos echamos a la calle en más de una ocasión, en algunas de ellas de forma multitudinaria como ocurrió, por ejemplo, en la marcha de parados de noviembre. Esto no gustó a los políticos. Puede que no nos escuchen pero, cuando ven una masa de esa magnitud quejándose sí se sienten intimidados. No tardaron en dejarse oír las proposiciones para limitar el derecho de manifestación para, según explicaba Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, “poder circular con tranquilidad” por la ciudad de Madrid.

Quiero aclarar que cuando me estoy refiriendo a las manifestaciones siempre son aquellas acciones ciudadanas no violentas y autorizadas previamente. No a unas pocas personas, que siempre las hay, que participan con actos violentos y empañan la imagen de la mayoría.

En los últimos meses, las protestas que más se están dejando oír son las de los afectados por las hipotecas, que han sido desahuciados o están en proceso de serlo. La Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) llevaba tiempo realizando acciones para conseguir que se protegiese más a los ciudadanos de las cláusulas abusivas de los bancos y llevaron al Congreso una Iniciativa Legislativa Popular en la que propusieron la dación en pago, entre otras demandas de mínimos.

Imagen tomada de la página web de la PAH

Imagen tomada de la página web de la PAH

Antes de que se debatiese ya advirtió Ada Colau, en su intervención en el Congreso, que, si después de haberse protegido a los bancos se negaban a debatir y aprobar una serie de medidas que facilitasen el acceso de las familias a las viviendas, se señalaría a aquellas personas que se hubiesen negado. El Gobierno sí aprobó una serie de medidas urgentes, como consecuencia del elevado número de personas que decidía suicidarse al verse en una situación desesperadas. Las medidas adoptadas resultaron insuficientes porque los criterios para acogerse excluyen a la mayoría de las familias.

La situación ha ido empeorando sucesivamente, las ejecuciones de las hipotecas se han ido sucediendo y la PAH ha aumentado la presión para evitar desahucios y también para poner en el punto de mira y señalar a los políticos, a través de una práctica llamada escrache. En principio, esta práctica es una forma de protesta pacífica en la que se señala a aquellos “culpables” de la situación y no se limita a una protesta frente a las instituciones públicas, también entra en la vida de aquellos a quienes se les hace. Su origen se sitúa en la Argentina de los años 90 para señalar a los culpables de la represión militar y se trata de una reivindicación social para señalar conductas reprobables.

Estas nuevas formas de protestas no han gustado nada a los políticos que han visto como su vida pública se inmiscuye en su vida privada: muchas veces son a la puerta de las casas o siguiendo a la persona en cuestión de su domicilio al trabajo. No digo que esté totalmente de acuerdo con estas prácticas que influyen no solo en la persona que ostenta un cargo público, sino también en su familia, pareja e hijos, que no tienen ninguna culpa de la situación y la sufren igualmente.

Sin embargo, con esta forma de presión los gobernantes “se llevan las preocupaciones a casa”. Hasta ahora cuando se acababa la jornada de trabajo cada uno se iba para casa y un día detrás de otro viviendo una vida acomodada y, en la mayoría de los casos, sin conocer la situación real de las personas que se veía afectadas por las medidas que tomaban. Con estas quejas tienen que mirar a los ojos a todos aquellos que se han quedado sin casa. Estas personas cuando acaba el día y nosotros estamos tranquilamente reponiéndonos para el día siguiente tienen que continuar haciendo frente al problema de su vivienda o mejor dicho la falta de ella.

Si a todo esto añadimos la corrupción política de la que hablaba en la primera parte de esta entrada: parece que los ciudadanos de a pie estemos pagando los platos rotos de algo que no es exclusivamente culpa nuestra. En el caso concreto de una persona que es desahuciada, el sentimiento debe ser mucho más fuerte mezclado con la impotencia de verse en la calle mientras nos gobiernan personas que están siendo investigadas por delitos económicos y fiscales mucho más graves. Si no es capaz de imaginarse el sentimiento vea este cortometraje sobre la ejecución hipotecaria (apenas 6 minutos), pone totalmente en situación. Merece la pena.

En un país democrático, cualquier expresión de protesta ciudadana es siempre legítima. El pueblo tiene todo el derecho a salir a la calle y manifestar libremente su indignación ante las actuaciones de sus gobernantes, sean del color político que sean.

En las últimas semanas se ha llegado a comparar a las quienes hacen escrache con terroristas. Semejante comparación me parece vergonzosa. En España, un país que ha sufrido durante años lo que es realmente el terrorismo con atentados y víctimas mortales, compararlo con el movimiento ciudadano del escrache que es señalar pacíficamente a los políticos para quejarse por la situación.

No creo que nadie quiera ser perseguido con esta prácticas pero, en mi opinión, se trata de una consecuencia por la forma de gobernar que estamos teniendo en los últimos tiempos: mirando al exterior, pendientes de lo que dicta la Unión Europea o Alemania, en lugar de gobernar en beneficio de los ciudadanos que demasiado mal lo están pasando ya.

Hace poco leí en Internet una frase que me gustó mucho: “En un país democrático, cualquier expresión de protesta ciudadana es siempre legítima. El pueblo tiene todo el derecho a salir a la calle y manifestar libremente su indignación ante las actuaciones de sus gobernantes, sean del color político que sean. No dejo de preguntarme qué es lo que ocurre en este país para que hayamos llegado a una situación en la que una cosa es buena o mala según quién la haga o a quién vaya dirigida.” Fue publicada el 16 de octubre de 2009 en el blog personal de Cristina Cifuentes. Sí, la misma que en los últimos tiempos ha pedido restringir el derecho de manifestación y que ha comparado a los que hacen escrache con terroristas. Parece que en 3 años y medio ha cambiado radicalmente de opinión. Por cierto, publicaba esto en relación a la pitada que recibió el entonces Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante el desfile de las Fuerzas Armadas.

Soy consciente de que no todos los políticos son iguales, ni mucho menos, pero cada vez cuesta más encontrar a los buenos.

Autora: Elsa Manzano Elena

@elsu_elena

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2 pensamientos en “Derecho al pataleo II

  1. ¿Pero en serio hace falta que vayan a las casas de los políticos? ¿Qué diríamos, por ejemplo, si el escrache lo hicieran manifestantes de derechas ante casas de políticos del PSOE por haber aprobado el matrimonio gay? ¿O si grupos de fumadores hubieran hecho lo mismo ante el domicilio de diputados socialistas por lo de prohibir fumar en los bares? ¿Dónde estará el límite si empezamos así? No sé, yo no lo veo muy claro…. Que griten en contra de los políticos cuando éstos participen en actos públicos, pero con el escrache se traspasan límites, para mí. Muy interesante el tema!

    • Muchas gracias por comentar. Efectivamente es un tema complicado porque entran en juego la privacidad de unos y el derecho a una vivienda de otros, que han perdido por abusos.
      El escrache se hace para poner en el punto de mira conductas reprobables. no como una mera queja por desacuerdo hacia las acciones realizadas por el grupo político que sea. En el primer ejemplo que pones la queja hubiese supuesto ir contra el derecho a no ser discriminados por razón de orientación sexual y en el segundo caso para que una persona pudiese fumar en un lugar cerrado se estaría molestando al que no fumador. En ningún caso son acciones criticables por parte de los ciudadanos, sino todo lo contrario.
      La cuestión en el tema concreto de las hipotecas es que antes de recurrir al escrache se agotaron todas las vías administrativas y solo han recurrido a ello ante una situación desesperada que, en parte, ha ocurrido por los abusos tanto de las entidades financieras como de la connivencia del poder con estas. Piden soluciones que apenas llegan ante una situación desesperada.
      Estoy de acuerdo contigo, los límites son siempre necesarios sí, pero por ambas partes: también ante los abusos de poder.
      La última noticia que leí sobre el tema ha sido que un juez ha declarado nula una hipoteca porque contenía cláusulas abusivas. Quizás la solución a todo esto tenga que venir a través de la justicia y no de los gobernantes…

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