Derecho al pataleo I

En el último año hemos sufrido diversos recortes de todo tipo por parte del Gobierno: educación, sanidad, salarios, etc. Con el objetivo de reducir, por un lado, las partidas presupuestarias y aliviar el déficit del país y, por otro, recaudar más dinero de los ya de por sí tocados bolsillos de los españoles.Todo esto no fue sino un mensaje dirigido a los mercados y al resto de la zona euro, con el que se pretendía bajar su presión por la elevada prima de riesgo que tenía España. Hace medio año la única noticia principal era la subida, bajada o mantenimiento de la prima de riesgo y las reacciones de los mercados.

Hemos sido testigos del derroche y despilfarro, cuando no apropiación de lo que no les corresponde, de muchos de nuestros gobernantes mientras disfrutábamos de eliminación de becas de estudio y de comedor, se quitaba la paga de Navidad a los funcionarios, se recortaba en sanidad y se limitaba o excluía a una parte de la población, se subía el IVA… y así muchas otras medidas que en los últimos meses han hecho más cuesta arriba la vida en nuestro país.

Como consecuencia las calles de nuestro país se llenaron de manifestaciones que desbordaron en contra de las medidas tomadas por el Gobierno. Son las quejas de los ciudadanos hacia las injustas actuaciones de sus gobernantes en un país en el que parece que tienen voz, aunque no se les escuche, pero no voto en las decisiones que se toman.

Quizás estas quejas no hubieran sido masivas si, paralelamente, no se hubiesen descubierto casos de corrupción de aquellos que, precisamente, nos gobiernan y que gestionan el dinero público. Comenzó con el caso Gürtel en 2010 pero poco a poco se han ido descubriendo muchos más a lo largo y ancho del país. Además, como bien sabrán ustedes, desde hace meses nos deleitamos con los casos Bárcenas y Nóos o la antigua amistad de el presidente de la Xunta de Galicia con un conocido narcotraficante.

recortes copy

No hace falta ser un genio para unir cabos. Y eso es lo que han hecho la mayoría de los españoles: estamos ante una crisis general que ha generado graves consecuencias en nuestro país y que han destapado prácticas de corrupción generales y repetidas. Los ciudadanos sufrimos las estrecheces y estamos también pagando, literalmente, los platos rotos por todos aquellos agujeros económicos que han dejado los que se han aprovechado de sus cargos para obtener beneficios personales. Para terminar de redondearlo todo, los políticos han dejado de dar explicaciones de sus actos: han disminuido el número de comparecencias públicas de los políticos para no tener que dar explicaciones de lo que no les interesa.

De todos los que han tenido que pagar el pato los que se han llevado la peor parte son aquellos que han perdido su casa y han sido desahuciados. Personas de clase media e incluso media-alta que además de no tener trabajo tampoco tienen vivienda. Un lugar para vivir no es un capricho, si no uno de los derechos fundamentales reconocidos por la Declaración Universal, que se refleja en el artículo 25. Aunque en los tiempos que corren, hace tiempo que dejaron de tenerse en cuenta estos derechos.

Ante esta situación hemos optado por las quejas cuando nos han quitado la casa y con nuestros ahorros se rescatan bancos. Se ayuda a las empresas y no a los ciudadanos. Las quejas pueden convertirse en un pataleo, porque es lo único que nos queda ante una situación injusta. No quiero entrar en el tema del desahucio y en las causas que lo propician porque es un tema extenso que merece una entrada a parte. No obstante, si no han visto la comparecencia ante en el Congreso de los Diputados de Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). Les recomiendo que le dediquen el tiempo que dura el vídeo y escuchen todas las trabas que pone la administración ante una situación tan desesperada mientras se facilitiba que las personas que tenían dinero no declarado a Hacienda pudieran acogerse a una amnistía fiscal.

De nuevo, el trato no es el mismo para los ciudadanos que han cometido irregularidades a gran escala que para el ciudadano medio que se encuentra en una situación extrema y que, además, paga los platos rotos causados por los que mandan.

Autora: Elsa Manzano Elena

@elsu_elena

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